Alfa - De Felicitas Kamien, en Almagna Teatro

Es de las distopías que no necesitan parecer futuristas para sentirse posibles. "Alfa" propone un mundo que, paradójicamente, parece desviarse del rumbo que hoy estamos tomando y, justamente por eso, obliga a preguntarse cuánto de esa ficción ya convive con nosotros para hacer de su lectura un segundo grado posible. La puesta se apoya en una decisión muy clara de construir un universo extraordinario con herramientas de un realismo hiper logrado. Cada detalle parece estar al servicio de que todo resulte cotidiano hasta en lo ajeno. En ese contraste aparece una experiencia escénica poco frecuente, donde el grotesco, la acción, una lógica cercana al cine y un humor inesperado conviven sin pelearse mucho por el protagonismo o su convicción de genero. Todo encuentra una naturalidad extraña que vuelve muy difícil anticipar hacia dónde va la obra o de dónde vienen sus protagonistas. La obra también confía y delega ciegamente en una posición activa del público. Explica muy poco y esa ausencia de contexto funciona como obstáculo y motor de su "total" comprensión. La información aparece dosificada, como si fueran pequeñas recompensas para quien acepta seguir el plano detalle de toda la secuencia. Cada dato de la lectura del "afuera" mejora el vínculo entre la ficción y un presente que, por momentos, parece todavía más absurdo. La decisión mas valiente y valiosa está en no hacer los paralelismos tan masticados y dejar que jueguen con ellos. "Alfa" no se parece a nada pero es un poco de todo. Deja pistas que guían la distopía planteada hacia lo que queramos reconstruir como público, permitiendo que cada espectador complete los espacios vacíos desde sus propias preocupaciones. Las actuaciones sostienen con enorme presencia ese código particular. Nunca parecen pertenecer del todo al universo que habitan y es llamativo como son justamente ellas las que vuelven realidad. El ritmo casi no tiene pausas, cada escena es consecuente con la otra sin ser necesariamente lineal, manteniendo una sensación constante de descubrimiento. Y acá es donde se encuentra algo más sorprendente aún: la manera en que deciden hacer de la incertidumbre un lenguaje de la propia puesta.