Acto (ilusión o catastrofe) - de Flor Micha, en Timbre 4

Es como si "Acto" develara, en lugar del truco mágico, eso que hay detrás de todo lo que parece ser. La necesidad de aparentar para garantizar una opinión positiva, la práctica desmedida de una pasión y su inevitable encuentro con un ambiente real y laboral que todo lo tuerce. Tres magos chocan contra verdades íntimas y universales con la convicción -un poco conmovedora y un poco obstinada- de querer lograrlo. La obra encuentra en la magia una razón suficiente para dialogar con el impacto visual y, al mismo tiempo, construir un detrás de escena emotivo. Hay algo de ese mecanismo que me interesa especialmente, mientras el truco intenta producir asombro también parece ocuparse de las personas que necesitan que ese asombro funcione. El ritmo es vertiginosamente clásico y funcional, sostenido por una maquinaria escénica sumamente aceitada, pero combinado con dosis de una sensibilidad extraña y apacible que predispone a mirar con ternura. Hay resoluciones retóricas hermosas que quedan dando vueltas entre apariciones y desapariciones, como si algunos trucos o más bien la magia en sí misma, no fuera únicamente visual. También resulta interesante correrse de cierta hegemonía de la magia como territorio de lo invaluable, lo extraordinario o lo inalcanzable para poder humanizar su recorrido. Acá la magia puede ser deseo, oficio, frustración, insistencia, trabajo. Puede fallar. Puede cansar. Puede necesitar de otros para existir. Las interpretaciones aportan una singular diversidad actoral y el complemento entre los tres cuerpos resulta notorio. Cada uno parece cargar con una manera particular de relacionarse con eso que quiere conseguir, y en ese contraste la obra encuentra de su lado más humano. Y es ahí, en lo humano, donde aparece la convicción de los gestos y una manera de señalar eso que condiciona, castiga o vuelve más difícil sostener una pasión cuando la realidad se enfoca en ponerle precio a todo. Siento que ahí esté una de las ilusiones más interesantes, en no intentar desaparecer la dificultad, sino más bien conseguir que durante un rato podamos verla transformarse en otra cosa.