Crónicas D - de Cía. Cuerpo en Escena con dirección de Francisca Barría Ampuero, en Estudio Viceversa

"Crónicas D" parece preguntarse qué hay en la danza después de bailar. La herencia que deja, las ganas que le dejamos, todo eso que se aprende haciendo y lo que aparece cuando intentamos intelectualizar el movimiento. La experiencia personal, la necesidad personal y la propia personificación de la danza se vuelven material coreográfico y, desde ahí, habilitan la consigna creativa. La obra tiene algo de mea culpa, de manifiesto y de diario íntimo. Una escritura corporal de ritmos diversos que nace de la necesidad de explicarlo todo, incluyendo eso que quizás no necesita ser entendido. Bailar desde el hacer. Porque hacer no necesariamente tiene que estar acompañado de un qué. Bailar puede ser bailar para uno, para el mundo o para nadie en particular. Quizás para cada persona bailar sea otra cosa, pero sigue siendo hacer y, probablemente, siga naciendo de alguna necesidad parecida. Hay una recuperación muy interesante de la danza como experiencia y como territorio de pensamiento. "Crónicas D" vuelve a encontrarse con la realidad más áspera de la práctica, con la romantización más absurda y también con aquello abstracto que alimenta buena parte de lo escénico. Parecen preguntarse cuánto de todo eso heredamos y cuánto seguimos eligiendo. En ese recorrido aparecen distintas formas de volver al ritual, al fogón, a la electrónica, al silencio, al folklore, al vals, a la cumbia, a la poesía, a la luz, al mar, al viento. Todo puede convertirse en una forma de movimiento cuando la danza deja de ser solamente una disciplina y vuelve a ser una manera de estar. Su esfuerzo está en recordar que antes de explicar qué es bailar, hay que hacerlo y que en el hacer puede aparecer una forma de pensamiento que lo justifique todo.