Creo que hay experiencias escénicas que se construyen desde lo discursivo, otras desde lo visual y algunas que pertenecen principalmente al registro de lo sensorial. "Olviden el ritmo" parece saber cómo habitar este último territorio y, desde su propio título, propone una consigna que también puede ser una forma de mirar para desplazarnos de los tiempos que normalmente reconocemos como propios de una experiencia, sea cual sea.
En escena hay dos cuerpos terriblemente disponibles, eligiendo atravesar una inestabilidad permanente. Permanecer parece ser apenas una posibilidad momentánea y cada aparición contiene también su desaparición. La búsqueda está puesta en transitar cada instante como si fuera la primera vez, construyendo formas, figuras e imaginarios que aparecen y se desarman casi simultáneamente.
Hay algo particularmente plástico en esa construcción. Los cuerpos y los materiales tanto orgánicos como inorgánicos parecen encontrarse en un proceso continuo de transformación, cuadro por cuadro, como si cada imagen tuviera una duración propia antes de convertirse en otra. Lo orgánico y lo material empiezan a confundirse y eso que parecía apenas un objeto puede adquirir una presencia corporal, mientras los cuerpos encuentran formas que los acercan a otra materia por olvidar su propio registro.
La relación con quien observa se construye desde una distancia particular. No hay un puente evidente entre audiencia, materiales y cuerpos, y justamente en ese espacio empiezan a aparecer los destellos del hallazgo de la improvisación. Pequeños acontecimientos que parecen suceder una sola vez y que, por eso mismo, pueden percibirse como evidencias fugaces de algo más difícil de atrapar como una esencia.
La obra propone al parecer una especie de entrenamiento perceptivo de participación activo-creativa constante. Obliga a revisar cuánto de nuestra manera de mirar está organizada por hábitos, duraciones y expectativas aprendidas. Olvidar el ritmo puede significar también olvidar, por un momento, cómo creemos que deberían suceder las cosas.
Hay una voluntad de reorganizar el devenir desde lo plástico y lo orgánico, de construir desde casi nada hacia una totalidad que nunca termina de fijarse. Las formas aparecen, se transforman y vuelven a desaparecer antes de que podamos terminar de nombrarlas.
Es posible que ahí se encuentre una de las experiencias más singulares de "Olviden el ritmo' y se genere esa tensión entre permanecer ajeno a un mundo que constantemente nos traga y experimentar la extraña liviandad de existir por segunda vez la primera.
