Siempre es extraño hablar de un trabajo propio. Hay algo como de ingenuo en intentar mirar desde afuera eso que, hasta hace poco, estaba adentro: los textos, las decisiones, las obsesiones, los caprichos y también todo lo que una obra consigue hacer aunque uno no haya sabido exactamente cómo.
"Relatos inconexos sobre lo mismo" nace, en buena medida, de esa dificultad. De cosas que necesitaba escribir, hacer, decir o probar y que durante un tiempo no encontraron una forma propia o la encontraba pero no podia gestionarlo. La obra reúne materiales que quizás, individualmente, no habían conseguido convertirse en obra y los pone a convivir en un mismo territorio. Un menjunje de registros, recursos, actuaciones e intenciones que busca, mientras sucede, alguna forma posible de amalgamarse.
Hay algo de acumulación en esa estructura pero sobre todo de purga. Como si cada fragmento trajera consigo una necesidad distinta y el conjunto fuera encontrando una relación entre cosas que antes parecían separadas. No sé demasiado bien qué género es. Tampoco me interesa demasiado resolverlo. Me interesa más preguntarme qué queda cuando se percibe el intento de alguien por estar ahí sin esconderse detrás de un personaje.
Porque en Relatos aparece una operación que me resulta particularmente extraña de haber tomado y de transitarla cuando estoy en escena: intento ser yo sin filtro, sin máscara, incómodoi mientras que cuando no estoy hay un personaje que hace de mí. Esa forma atraviesa buena parte de la obra (si es que eso no ES la obra) y vuelve difícil separar completamente al autor de lo que construyó. Quizás por eso la entiendo como una especie de grito dadaísta-biodramático de purga. Un montón. Un montón de cosas que necesitaban salir y que ahora tienen que encontrar cómo convivir.
Las interpretaciones tienen una entrega feroz y una confianza que el híbrido del material proveyó. Hay un desafío individual en cada presencia, pero también uno colectivo: hacer convivir singularidades muy distintas dentro de una obra que pide proponer, correrse, soltar y volver a entrar. El desarrollo es, en cierto sentido, desarrollarse cíclicamente. Algo vuelve, cambia de forma, insiste y vuelve a aparecer desde otro lugar.
"Relatos inconexos sobre lo mismo" pertenece a una trilogía que comenzó con "EGO (estoy gritando obstinado)". Es independiente, pero haber atravesado aquella primera parte permite reconocer ciertos materiales, algunas obsesiones y, especialmente, un lenguaje físico que acá vuelve transformado. Si EGO parecía intentar entender el lugar del ego dentro de la creación, Relatos se permite una acumulación más desordenada, más íntima y también más expuesta.
La propuesta es discursiva, física, contradictoria. Hay poco interés por protegerla de sus propios excesos. Los cuerpos y los textos chocan, se interrumpen, se entreveran y producen una construcción que muchas veces parece estar a punto de desarmarse para volver a armarse de otra manera.
Y puede que ahí esté lo más difícil de mirar cuando una obra es propia: reconocer que no todo lo que uno quiso decir necesariamente llega, pero también que una obra puede alcanzar lugares que su propio "autor" todavía no sabe reconocer.
"Relatos inconexos sobre lo mismo" es, para mí, una obra profundamente personal. Una obra necesaria en términos íntimos. Una obra hecha de cosas que necesitaban existir y que encontraron, finalmente, un lugar común donde enfrentarse.
No sé si alcanza todo lo que pretende. Tampoco sé si podría saberlo todavía.
Pero hay algo que sí puedo reconocer: la entrega de haber dejado los filtros a un lado y permitir que el material se muestre con sus contradicciones, sus excesos y sus heridas. Y quizás, en este caso, eso sea suficiente para que la obra empiece a decir algo que yo solo no hubiera podido decir.
Quiza el cierre de todo esto sea un nuevo comienzo; la proxima obra, la que ya terminé pero no empecé: "Hasta matarlos a todos".
