Casa que arde - de Emilio García Wehbi, en Timbre 4

En la provocación se encuentra un reflejo bastante fiel de la miseria que alimentamos. Este grito desahuciado, de una vertiginosa poesía putrefacta, encarna y revive una y otra vez el deseo de cambiarlo todo, relativizarlo, radicalizarlo, endiosarlo y, aún así, seguir respetando patrones arcaicos. La convivencia entre el impulso de transformación y la obediencia a viejos mandatos, oxidados y serviles, termina por espejar buena parte de las contradicciones que atraviesan este maravilloso texto. "Casa que arde" es una obra audaz, políticamente incorrecta y cargada de un desafío al espectador. Pone en circulación un discurso que quizá no sea novedoso, pero que encuentra en el presente una resonancia ineludible. Hay algo de agotamiento en ciertas formas de nombrar el mundo y, al mismo tiempo, una necesidad desesperada de volver a decirlas, de llevarlas más lejos, de hacerlas estallar contra eso que todavía nos empeñamos en sostener. De tiempos excéntricos y acumuladores, con una puesta fuerte y frontal, la obra desarrolla una verborragia fotográfica que compone imágenes, superpone sentidos y devuelve un reflejo bastante fiel de nuestra propia existencia social. En ese universo aparece, tristemente, una Argentina atravesada por la miseria, la hipocresía, el enojo y esos berretines de primer mundo que conviven con una precariedad cada vez más difícil de disimular. Las interpretaciones son un oasis en este témpano de mierda. Hay una entrega que sostiene el desborde y consigue darle cuerpo a una materia escénica deliberadamente tenaz. La dirección parece entender que en la mierda también puede haber algún que otro valor, y que mirar de frente eso que repugna es una de las pocas maneras de empezar a reconocerlo o más bien la que encuentra forma de exposición. Hay una potencia particular en una obra que te arroja la realidad a la cara y no parece descansar en el trabajo realizado, sino señalar todo lo que todavía queda por hacer. Como si la escena fuera apenas el comienzo de una discusión que excede sus propios límites. Porque de lo urgente pocos se hacen cargo. Y en esa voluntad de incomodar, de insistir y de no dejar que la experiencia se cierre sobre sí misma "Casa que arde" encuentra más de una razón para arder.