El Rigor - de Maia Tarcic, en Espacio Callejón

"El rigor" te lleva de la mano por un camino fluctuante entre la cordura y el amor. La narrativa avanza linealmente, pero pareciera jugar con su propia simplicidad hasta encontrar ahí una especie de complejidad que se construye desde la emocionalidad, desde esa inestabilidad que transforma cada certeza o consigna de amor en algo provisorio pero puntual. Hay un coqueteo constante con el erotismo que abre la puerta a un humor extraño, siempre presente, como si incluso en los momentos de mayor desborde quedara lugar para una forma singular de absurdo. Algo se vuelve gracioso, algo en ese pico glorioso de calentura y algo, casi sin avisar, consigue tocar una fibra dubitativa entre la obsesión, la patología y la razón. Ailín hace un trabajo fenomenal en la construcción y destrucción de su propio personaje, tanto desde lo discursivo como desde lo corporal, adapta rapidamente cambios temporales, picos de energia y angustia de forma sorprendente. Su interpretación nos adentra en una psiquis que parece ser colapsada por un amor no correspondido, pero sostenida por una esperanza que insiste en sobrevivir a su propia imposibilidad cueste lo que cueste. Claramente en esa insistencia de la dificultad de abandonar todo lo que deseamos también se encuentra algo cuando el deseo empieza a volverse contra nosotros. "El rigor" en ese exceso se nutre de una zona sensible, poco nítida y por momentos comprometida con una revisión, donde el amor puede funcionar tanto como refugio como forma pasional de extravío con el entorno por uno mismo.