Esta es una experiencia que, si bien está planteada desde una estructura convencional, encuentra algo de su potencia en una relación casi inmersiva entre la escena y el público. Lo narrado y la posibilidad de integrarse a un supuesto programa de reinserción emocional vuelven cada vez más delgada la distancia con esa ficción. De pronto, observar también implica participar, reconocerse o, al menos, sospechar de cuánto de lo que sucede podría formar parte de nuestra propia vida.
La pieza trabaja con tiempos singulares y encuentra en la construcción de un bucle, entre lo fatídico y lo lúdico, un terreno donde se cruzan las ansiedades escénicas con la necesidad resultadista del espectador. Ahí aparece uno de sus puntos diferenciales, esa expectativa de que algo finalmente funcione, de que el procedimiento alcance su objetivo, de que alguien consiga resolver eso que le es impuesto y que lo trajo hasta acá. Las actuaciones y las caracterizaciones, deliberadamente marcadas, dejan ver el estereotipo humano en transformación y sus constantes derrapes frente a las exigencias de alcanzar el control y la pertenencia.
La ficción futurista siempre me pareció un territorio complejo en términos creativos. Existe el riesgo de recaer en imaginarios ya muy transitados, especialmente por el cine, pero "Kalma" encuentra una salida particular. Su originalidad despega hacia una propuesta provocativa que trabaja sobre el reconocimiento antes que sobre la incomodidad directa. Parece buscar incansablemente el momento en que quien observa pueda espejarse en aquello que está sucediendo.
Los bucles, los sinsentidos que empiezan a cobrar sentidos multidireccionales y la insistencia de ciertos procedimientos construyen también un recorrido personal. Uno empieza a reconocer esos ejercicios de estabilidad emocional en situaciones de la vida cotidiana, en nuestras propias formas de administrar la ansiedad, de corregirnos, de adaptarnos y de intentar pertenecer o a demostrar lo dificil del encajar.
Creo que uno de los mecanismos que encuentro más acertados en esta obra es construir un futuro lo suficientemente extraño como para poder mirarlo desde afuera y, al mismo tiempo, lo bastante cercano como para terminar encontrándonos adentro. Una ficción sobre la búsqueda de estabilidad que, en su propio mecanismo de futurología acierta en no cambiar la pregunta de una sociedad que hace tiempo arrastra...¿qué estamos dispuestos a hacer para conseguir estar bien?...calma, nadie puede ser feliz.
