La fragilidad de las casas - de Victoria Almeida, en Teatro Armenia

La historia de Casandra es un viaje en el tiempo. Una revisión retrospectiva de su propia vida escrita no desde la ingenuidad del recuerdo, sino desde la experiencia asimilada. O más bien, desde un entendimiento profundo de sí misma. No se trata de nostalgia ni victimización sino de relectura. Este paseo emocional muta de sensaciones, de edades, de estados y literalmente de casas. Dialoga entre disciplinas escénicas con una fluidez envidiable, que acompaña y propone. La obra logra, de forma sintética y precisa, adentrarse en cada espectador minuto a minuto. Hay algo vertiginoso y a la vez minucioso en medio de lo grandilocuente; aparece el detalle en medio del humor, la herida y la denuncia. Porque si bien la puesta se nutre de un entretenimiento constante reinventando personajes, recursos y climas, nunca pierde el eje: las casas. Las habitadas, las abandonadas, las heredadas, las simbólicas. Su camino. Y, sin darnos cuenta, también el nuestro. Entre sarcasmo, ironía y una claridad inobjetable, la obra entrega una crítica social que expone vivencias típicas de muchas mujeres. Hay reflexión y también juego. Hay denuncia y vitalidad. Las actuaciones son armoniosas y de una entrega total. El diálogo entre la música en vivo, el circo y el teatro vuelve la experiencia lúdica y expansiva. Esa hibridez relaja el entendimiento del espectador y renueva constantemente la forma de atravesar lo que se cuenta. Dentro de la espectacularidad visual, la curaduría está claramente centrada en la dramaturgia y en su objetivo. Nada es un accesorio por accesorio. La obra parece decir: llevate un buen momento, pero no olvides que, en más de un caso, fuiste parte de algo así, que esas casas también te habitan. En un presente donde los avances y retrocesos culturales conviven con una crudeza alarmante, resulta imprescindible que las voces escénicas narren experiencias en primera persona, que expongan cómo esas estructuras sociales, familiares, simbólicas nos moldean, nos sostienen o nos someten. "La fragilidad de las casas" es un mapa emocional colectivo. Y quizás, al salir, cada quien revise cuál de sus propias casas sigue en pie y si vale la pena.