La historia de Casandra es un viaje en el tiempo. Una revisión retrospectiva de su propia vida escrita no desde la ingenuidad del recuerdo, sino desde la experiencia asimilada. O más bien, desde un entendimiento profundo de sí misma. No se trata de nostalgia ni victimización sino de relectura.
Este paseo emocional muta de sensaciones, de edades, de estados y literalmente de casas. Dialoga entre disciplinas escénicas con una fluidez envidiable, que acompaña y propone. La obra logra, de forma sintética y precisa, adentrarse en cada espectador minuto a minuto. Hay algo vertiginoso y a la vez minucioso en medio de lo grandilocuente; aparece el detalle en medio del humor, la herida y la denuncia.
Porque si bien la puesta se nutre de un entretenimiento constante reinventando personajes, recursos y climas, nunca pierde el eje: las casas. Las habitadas, las abandonadas, las heredadas, las simbólicas. Su camino. Y, sin darnos cuenta, también el nuestro.
Entre sarcasmo, ironía y una claridad inobjetable, la obra entrega una crítica social que expone vivencias típicas de muchas mujeres. Hay reflexión y también juego. Hay denuncia y vitalidad.
Las actuaciones son armoniosas y de una entrega total. El diálogo entre la música en vivo, el circo y el teatro vuelve la experiencia lúdica y expansiva. Esa hibridez relaja el entendimiento del espectador y renueva constantemente la forma de atravesar lo que se cuenta. Dentro de la espectacularidad visual, la curaduría está claramente centrada en la dramaturgia y en su objetivo. Nada es un accesorio por accesorio.
La obra parece decir: llevate un buen momento, pero no olvides que, en más de un caso, fuiste parte de algo así, que esas casas también te habitan.
En un presente donde los avances y retrocesos culturales conviven con una crudeza alarmante, resulta imprescindible que las voces escénicas narren experiencias en primera persona, que expongan cómo esas estructuras sociales, familiares, simbólicas nos moldean, nos sostienen o nos someten.
"La fragilidad de las casas" es un mapa emocional colectivo. Y quizás, al salir, cada quien revise cuál de sus propias casas sigue en pie y si vale la pena.
