Pasión - de Los Pipis Teatro, en Timbre 4

Con "Pasión", Los Pipis cierran la trilogía iniciada con "El mecanismo de Alaska" y vuelven a desplegar ese lenguaje escénico que ya funciona como marca propia: una combinación intensa de corporalidad, escritura y composición visual que no busca reposo. La obra se instala en una pregunta ambiciosa: pensar la tragedia argentina como una forma de pasión. Como un gesto casi romántico, nos comparten una estructura emocional que parece repetirse en distintos momentos de nuestra historia. Desde ahí se organiza un dispositivo escénico que mezcla relato íntimo, resonancia política y un pulso físico constante. El sello del grupo aparece con claridad. Los cuerpos trabajan al límite, la palabra circula entre lo narrativo, lo lírico y lo afectivo, y la escena se mueve con una energía que rara vez se detiene y si lo hace es para retomar esa misma energía. Todo compone una maquinaria escénica que avanza sin pausa, como si cada elemento empujara al siguiente. En ese movimiento aparecen capas narrativas que se superponen: un contexto de guerra, una traición, un entramado familiar que se vuelve campo de disputa emocional. Los límites de la escena tradicional se vuelven difusos. Se baila, se narra, se encarna, se recuerda. Las acciones se mezclan con los recuerdos de futuro hasta formar un temporal inestable. La obra juega justamente con ese cruce de tiempos. Pasado, presente y futuro se pisan, se contaminan y se reescriben entre sí. Esa superposición genera un ritmo vertiginoso donde la memoria no aparece como algo fijo sino como un territorio en permanente reorganización. Las interpretaciones acompañan con un ritmo físico y verborrágico estridente una propuesta que no es sencilla. La exigencia física y emocional del material encuentra en el elenco un compromiso sostenido que permite que la intensidad no se diluya. En esta tercera entrega, Los Pipis terminan de delinear un universo propio. Un teatro que entiende la escena como un espacio de fricción entre historia colectiva y experiencia personal, donde el movimiento, la palabra y el pensamiento avanzan juntos. "Pasión" funciona así como cierre y síntesis: un trabajo que recoge las búsquedas de la trilogía y las empuja hacia una forma escénica expansiva, donde la tragedia deja de ser únicamente un acontecimiento histórico para convertirse en una pasión que atraviesa cuerpos, vínculos y memoria.