Segunda princesa - de y con Alejandro Schiappacasse, en El Camarín de las Musas

Desde una intimidad profundamente resguardada emerge un relato que, en apariencia, se presenta como una anécdota. Pero lo que se despliega es otra cosa, una reconstrucción fragmentada, casi fractal, de un recuerdo que se dice bajo una lógica particular como si hubiera un pacto implícito de verdad donde no se miente, pero tampoco se dice todo. Hay una omisión perspicaz, una selección precisa de qué entra en el relato y qué queda orbitando por fuera. En ese marco, la construcción de “El Polaco” es minuciosa y deslumbrante. Alejandro Schiappacasse trabaja sobre una acumulación de detalles que expanden el espacio hasta volverlo propio. Una celda deja de ser un límite físico para convertirse en un territorio cargado de imágenes, profundidad y memoria. Lo pequeño se vuelve extenso. Las palabras no son solo vehículo, llegan impregnadas de detalle, de olor, de temperatura. Cada fragmento del relato abre un paisaje. Y en ese devenir, la narración construye una continuidad visual que contrasta con la austeridad de la puesta. La escenografía, mínima pero precisa, sostiene, recuerda y sitúa permanentemente. Permite que la imaginación haga su trabajo. Hay algo en el estar de este pescador en escena que resulta extrañamente calmo. Una calma que es un dominio característico del entrañable Polaco. Una verosimilitud que roza lo absurdo sin quebrarse. Todo sucede con una naturalidad que vuelve creíble incluso lo más improbable. En términos narrativos, la obra dosifica con inteligencia la información y encuentra de forma audaz repeticiones sonoras simples que agrandan la experiencia. La atención se desplaza con fluidez entre lo que se dice y lo que se sugiere. Y en ese movimiento aparece una estructura que podría pensarse como capicúa: un relato que avanza mientras, en simultáneo, se repliega sobre sí mismo, reorganizando sentidos. "Segunda princesa" confía en su propio mecanismo y construye una experiencia donde recordar no es simplemente volver al pasado, sino intervenirlo, deformarlo y revelar algo más profundo: que toda memoria es también una forma de ficción.