Algo que debiera ser disfrutar tranquilo, casi sin sobresaltos, como suponemos un encuentro entre amigos de tercera edad, se convierte lentamente en una especie de hecatombe sincericida.
Es impresionante el espejo que aparece entre las caracterizaciones y ciertos cánones sociales reconocibles y próximos. El trabajo de construcción es muy fino: cada actuación encuentra detalles precisos que hacen que rápidamente creamos conocer a cada uno. Y justo cuando parece que ya entendimos quién es quién, la obra corre el eje suavemente.
Hay una argentinidad muy reconocible en la estructura vincular con todo lo que eso implica, no expone una idiosincrasia sin aparente tela de juicio.
Pareciera que todo va hacia una reflexión sobre la vida, la muerte o el paso del tiempo, pero en el fondo aparece una perspectiva muy singular sobre la amistad.
Todos somos un poco una olla a presión. Mandatos, deber ser, represiones, formas heredadas de pensar y actuar que pocas veces revisamos. Cada personaje carga con una cosmovisión propia, una manera de escuchar y vincularse con los demás. Pero también los une algo anterior a cualquier diferencia, y es una amistad construida durante años que concluyen al fin en un cúmulo de choques. Parecen haber construido una confianza indestructible que va mas allá de algunas palabras desubicadas, incluso a veces -y por más que nos pese- quizá también una posición que es incomprensible para nuevas amistades.
Y ahí algo muy potente aparece repentinamente. El conflicto individual, el revisionismo íntimo que termina chocando inevitablemente con el otro. Lo interesante es que la obra no usa ese choque para romper el vínculo sino para mostrarlo como detonante y colchón se caída. Como si parte de una amistad verdadera fuera también atravesar desacuerdos profundos, elecciones ajenas o formas distintas de entender el mundo.
Me resultan muy valiosas las evoluciones y los pequeños clicks argumentales de cada uno de los personajes. Esa capacidad de inmolarse frente a un amigo que explota pero igual abraza.
Entre los desaciertos de la vida aparece algo inesperado: el valor enorme de seguir eligiéndose.
