Si vos me amás, yo te gano - de Nina Hack, con dirección de Chano Itzcovich y Franco Bertoglio, en El Galpón de Guevara

Hay algo muy hermoso en ver una obra que no intenta reconciliar mundos sino demostrar que quizá nunca estuvieron tan lejos. "Si vos me amas yo te gano" funciona como un pacto en vivo. Un acuerdo sensible entre una nieta y un abuelo que ponen en circulación dos universos que parecieran hablar idiomas distintos pero que comparten exactamente la misma estructura emocional: el fútbol y el teatro. La pasión por San Lorenzo aparece como punto de partida, pero rápidamente se vuelve una excusa para hablar de algo más grande. Del deseo de pertenecer, del ritual, del desgaste, de la espera, del encuentro, de la insistencia. De esa forma tan particular que tienen algunas cosas de volverse identidad. La obra encuentra una eficacia muy singular en buscar pensarse mientras sucede. Construye escena mientras construye vínculo o lazo entre sí y con los espectadores. Y en ese movimiento particular de idas y vueltas aparecen muchas formas del amor: el heredado, el elegido, el familiar, el amor por una práctica, por una idea, por un equipo, por seguir compartiendo algo incluso cuando pareciera que ya no quedan códigos comunes o maneras de transitarlo. También aparece, con mucha sutileza, una conversación entre épocas. La presencia del abuelo está puesta desde la necesidad intrínseca del proyecto pero desde una revisión consciente y activa materializa el paso del tiempo y con él los cambios sociales logrados y los que aún debemos trabajar. Qué significaba desear determinadas cosas antes. Cómo se habitaban ciertas pasiones. Qué hubo que mover socialmente para que hoy algunas experiencias puedan nombrarse distinto. Y también cuánto falta todavía. La música en vivo, las luces y el uso del espacio hacen algo muy inteligente, el escenario nunca termina donde empieza. Todo el tiempo se desplaza. Como si hubiera pequeños partidos dentro de las escenas y escenas dentro de otras escenas, o contextos. Como si el punto de vista cambiara igual que cambia cuando uno mira fútbol: por momentos estrategia, por momentos emoción pura. El planteo es sensible y sencillo, pero nunca pequeño, más bien, grandilocuente en imagen. Porque debajo de toda esa maquinaria aparece algo bastante simple y bastante difícil a la vez: intentar decirle a alguien “te entiendo” usando el lenguaje que ese alguien ama. Y quizá ahí está una de las cosas más lindas que la obra regala... descubrir que a veces amar también es aprender a mirar desde la otra tribuna.